Prendas únicas, con carácter, que llevan la impronta de la marca: una síntesis entre lo ancestral y lo actual, entre lo artesanal y lo innovador.
El proceso comienza mucho antes del telar: en las alturas, donde las pastoras cuidan a sus llamas con dedicación y respeto. Caminan por senderos silenciosos, guiadas por el instinto y por la costumbre, buscando los mejores pastos. Pasan horas allá arriba, en los cerros, mientras las llamas pastorean libremente, ellas se sientan sobre alguna piedra o manta y comienzan a hilar.
Llevan el huso en la mano y un poco de lana en el bolso. Con paciencia giran el hilo, lo estiran, lo retuercen. Hilar en el cerro no es solo un acto productivo: es una forma de estar, de habitar el tiempo. Se hila en silencio o se conversa entre mujeres; a veces se canta bajito, como para acompañar el ritmo.
Ellas conocen a cada animal, cuidan su alimentación, su salud y su entorno para que la lana sea cada vez más suave y resistente. La esquila se realiza una vez al año, en verano, cuando el calor permite que el animal esté cómodo sin su lana. Es un momento especial, que se hace con cuidado y en armonía con los ciclos de la naturaleza.
Luego, la lana se lava y se hila a mano con huso o rueca, herramientas antiguas que transforman la fibra en hilo. Después llega el tejido en telar manual, donde cada trama se construye con paciencia y sabiduría. No hay apuro: cada pieza lleva el tiempo justo, el ritmo de las manos que la crean.
Así nacen nuestros textiles: desde el corazón de la puna, con animales cuidados, manos sabias y una profunda conexión con la tierra.
Luego, los tejidos viajan al taller en San Salvador, donde Maria, junto a un equipo de mujeres, compuesto por modistas y artesanas del presente, continúan el proceso. Allí se integran conocimientos de vanguardia y tecnologías aplicadas a los textiles, que permiten potenciar lo hecho a mano sin perder su esencia.
Cada prenda se piensa cuidadosamente, imaginando quién la va a usar, en qué situación, con qué movimiento. Se desarrollan molderías propias, se hacen pruebas, se investiga, se juega. Es un trabajo de laboratorio donde se experimenta con formas, cortes, caídas y texturas para dar a cada pieza un tamiz contemporáneo, funcional y expresivo.
El resultado son prendas únicas, con carácter, que llevan la impronta de la marca: una síntesis entre lo ancestral y lo actual, entre lo artesanal y lo innovador. Cada una pasa por un riguroso control de calidad que asegura terminaciones impecables, confort y durabilidad.